El corazón de Marrakech, también conocida como la ciudad roja, es el Djemma el Fna, una plaza enorme en la zona más antigua de la ciudad conocida como “Medina”. Este es el punto de encuentros tanto para los turistas como para los locales, aquí podrá sentir la energía y la atmósfera vibrante de la ciudad.
Durante el día, los turistas quedarán fascinados por el torbellino de actividades que aquí se puede apreciar - encantadores de culebras, acróbatas, músicos, y macacos quienes estarán encantados de posar para sus fotografías por unas pocas Dirhams! Al caer la noche, increíblemente la plaza se llena aún más y se siente una atmósfera más “autentica”, este es el momento cuando los marroquíes se reúnen alrededor de los puestos de comida, los bailarines y los cuenta cuentos.
Las calles estrechas lo sacarán de la plaza hacia la Medina, donde encontrará las tradicionales casas marroquíes, conocidas con el nombre de Riads. Algunas Riads, han sido convertidas en hoteles, que ofrecen a sus huéspedes, un escape al ajetreo de la ciudad, y otras han sido convertidas en restaurantes y cafés, donde podrá sentarse a descansar y a degustar los sabores de Marruecos.

La plaza también cuenta con acceso a los mercados, mejor conocidos con el nombre de souks. Marrakech cuenta con el mercado tradicional más grande en todo Marruecos - un laberinto de pequeños pasajes, donde los kioskos se alinean uno tras del otro, vendiendo de todo, desde alfombras y telas, hasta esculturas de madera y joyas. A pesar de la gran cantidad de gente que se acumula en este lugar, los souks pueden ser sorprendentemente frescos, aún en los días de mucho calor. Aunque no tenga intenciones de comprar, pasearse por entre este laberinto de tiendas rodeado por contrastantes aromas de especias y cueros, es una experiencia que no debe dejar de vivir. Si lo que le preocupa, es ubicarse en este laberinto, pues contrate a un guía local por unas pocas Dirhams, y ellos le indicarán el mejor camino para no perderse.
En Marrakech hay tres palacios que se pueden visitar. Uno de ellos, es el Palacio El Badi, construido por el rey Ahmed el-Masour en el 1578. Badi, significa incomparable, y es que la construcción de este palacio tomó 25 años, sus 360 habitaciones, una piscina de 110 metros, y las decoraciones en mármol italiano y oro sudanés, hicieron de este palacio el más hermoso de toda África. Lamentablemente, una visita hoy en día, sólo le permitirá observar una sombra de lo que fue aquel edificio, ya que luego de la muerte del rey, el palacio fue saqueado por el Sultán Magali, quien utilizó los materiales para decorar su propio palacio en Meknes.
Palacio el Bahía está en la lista de los lugares que no debe dejar de visitar. Construido hacia finales del siglo 19 por el Grand Vizier Si' Ahmed ben Musa, es considerado como el más clásico ejemplo de la arquitectura Marroco-Islámica. Aquí, podrá pasearse por entre los jardines y patios de cerámica aromatizados por los naranjos.
Los jardínes de Majorelles es un jardín botánico diseñado por el artista francés Jacques Majorelle en 1924. Abierto al público desde el 1947, este jardín hoy pertenece a Yves-Saint-Laurent y cuenta con un museo de Arte Islámico. Estos jardines, aparte de servir de atracción para los turistas, también funcionan como fuente refrescante al ajetreo de las calles de la Medina, con su gran variedad de plantas provenientes de todas partes del mundo.
También le recomendamos que visite las tumas de Saadian, que se encuentran cerca de la mezquita en el distrito Kasbah. Estas tumbas fueron descubiertas en el 1917 y cuidadosamente restauradas para convertirse en uno de los monumentos más preciados de Marruecos. Las tumbas están ordenadas en dos mausoleos, ambos hermosamente decorados con techos en forma de domos, columnas de mármol, mosaicos y grabados. Afuera, encontrará un bello jardín con plantas de romero y naranjos donde los visitantes podrán visitar una variedad de pequeñas tumbas pertenecientes a los familiares de los soldados y funcionarios públicos.
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